La fauna y flora: Lo que se proyecta y lo que se es

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Cada día sigo en las mismas rutinas. Planifico el trabajo, enciendo el ordenador, leo mis correos y me pongo a trabajar. Lo hago así y me gusta, tengo muy claro de que esta tarea me encanta. Sin embargo, el sentimiento Mr Wonderful parece invadirlo todo cuando se trata de proyectar una imagen en redes sociales. Porque una cosa es la realidad, es decir, mis clientes, mi ordenador, mi tablón de tareas y la agenda, y otra la que se vende. Y las diferencias son abismales. Mr Wonderful no existe, es una verdadera estafa y el día a día es otro. Deseo contarte que aparte de dedicarme al diseño web y a programar, también tengo tiempo de observar y analizar mi entorno profesional. Paso mucho tiempo en redes viendo cosas de todo tipo y lo único que consigo es una mezcla de descojone y cabreo a partes iguales. Es que me meto en LinkedIn y me da una sensación de ser un don nadie que tira para atrás.

LinkedIn, el campo de minas

Me llama mucho la atención ver como auténticos parguelas son “Expertos en”, “CEO de” o “Especialistas en”. Y lo que tienen es un cursillo del paro y poco más. Mucho lirili y poco lerele. Por eso me cabreo, porque tengo el culo pelado de estar sentado currando y la vista hecha una caca de pasar horas pegado a la pantalla. Y otros se han visto 4 tutoriales de YouTube de marketing o que se yo y tratan de dárselas de lo que no son.

Estoy donde estoy por mi trabajo, no por lo que aparento. Trabajo y ya está, mi prestigio me lo he ganado demostrándolo, jamás vendiendo humo. LinkedIn se da mucho para aparentar, porque mucha de la fauna que la habita tiene un currículum que le permitiría trabajar como ingeniero de sistemas en Apple. Y no son más que matados que quieren vender sucedáneo del Lidl a precio de caviar de Beluga.

El cliente no es tonto y pasa lo que pasa, que termina totalmente rebotado de esta fauna y acaba muriendo en la gente que, con más o menos fortuna, se mete entre pecho y espalda sesiones maratonianas de currar. Y no siempre en condiciones ideales. Por ejemplo, cuando estoy más liado aparece alguna de mis hijas diciendo que unos coreanos llamados BTS están en directo y que necesitan más tiempo para estar en el móvil. Paro, voy al control parental y les pongo más tiempo para el puñetero directo de los coreanos. Y que me ponga a verlo con ellas.

Y en ese momento te das cuenta de que, además de ser un currelas, eres padre y tratas de encontrar el equilibrio. Al final siempre termina ganando BTS y me toca retomar la faena en horas intempestivas. Y me gusta, lo asumo y lo llevo adelante, pero es lo que hay. No me cuelgo cargos que no me corresponden en ninguna red. Así soy, simple y directo. Trabajo, entrego mis tareas y cobro, no hay más. Quien se defina como un experto en cualquier área suele ser un pardillo que da más pena que otra cosa. La gente grande sabe cómo demostrar su valía, y no es con esas medallas, sino con la demostración de por qué valen.

Esta fauna se caracteriza por…

Es muy fácil detectarlos, pero destacan por cosas tan simples como estas:

Pretenden hacer lo mismo que yo, pero de peor calidad y con más paja. Me explico: tienen el ordenador lleno de post it de colores, una pizarra magnética en la que planifican con rotuladores negro, azul, rojo y verde. Luego lo pasan a Trello o MeisterTask y le asignan más etiquetas. Mientras tanto se preocupan de hacer fotos para subir a LinkedIn con textos del tipo “Dándolo todo en un importante proyecto internacional”, sin olvidar hashtags como #goahead #nopainnogain o chorradas similares. ¿Quieres dejar de hacer gilipolleces y ponerte a trabajar? ¡Cuánta energía gastada para nada! Disfruto con mi trabajo, pero no hago la ola. Vamos, que si me tocase un Euromillón iba a programar quien yo me sé.

Lo hago más simple, sigo esta rutina a rajatabla:

  • Enciendo el equipo.
  • Leo el correo.
  • Priorizo y trabajo.

Si me canso, paro. Cuando he descansado continúo. No hay más secreto, solo la preocupación por hacer las cosas bien y que mis clientes queden satisfechos, nada más.

Esa es la razón por la que tengo clientes satisfechos, porque me han llegado con una necesidad o un problema, he analizado lo que querían y les he hecho una propuesta. Una vez que la han aceptado, me he puesto a trabajar y he presentado mi faena. Si todo está bien, la cobro y tan felices. Si hay que retocar, lo hago. Lo que pretendo es prestar un servicio, y para eso es para lo que me requieren. Los post it y los rotuladores de colores no van conmigo, al menos, para hacer el capullo en LinkedIn.

Y es que así soy yo. No soy un gurú de nada, no doy charlas por internet ni le digo a nadie lo que debe hacer. Sé lo que me funciona, y es fruto del ensayo-error. Me he topado miles de veces con dificultades, con clientes cabroncetes que me han enseñado mucho. También los que quieren comprar tu trabajo a precio de saldo. Mire usted, váyase a buscar a un pardillo porque yo no trabajo gratis. Mi esfuerzo me ha costado levantar una reputación para ahora vendérsela a cualquiera por 2 reales.

Ves cosas en redes de juzgado de guardia. Me paso ahora al campo de los redactores. ¿Sabéis que se venden cursos para escribir bien y que no te falte trabajo como copywriter? So besugo, a escribir se aprende dándole a las teclas y leyendo como un loco. Seguro que tus primeros textos son una basura, pero luego es todo casi mecánico. Esta gente no te va a enseñar nada, solo a que les sueltes 200 euros por un curso que no vale de mucho. Solo para que digas que eres copywriter en vez de un machacateclas.

Lo mejor es que la experiencia me ha dotado ya de un olfato que me permite, de buenas a primeras, saber qué cliente me voy a encontrar simplemente con leer su correo. Esta gentuza que no da valor a tu trabajo se caracteriza por ir siempre buscando la rebaja. También usan la amenaza, muy habitual la del tipo “pues en la agencia tal me han dado un presupuesto mucho más económico”. Pues ¡no pierdas el tiempo y corre con ellos! Pero de mí, huye.

Cuando haces las cosas bien, cumples unos plazos y das soluciones, los post it, los rotuladores y el postureo en LinkedIn se van a hacer gárgaras.

Esta es la historia de un currante que se esfuerza en ofrecer calidad y dar respuesta a lo que me piden. Probablemente, si ves mi escritorio te asustaría, pero esa es la razón por laque no sale en las fotos de LinkedIn.

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